lunes, 20 de mayo de 2013


CAVILACIONES 

Por unos largos minutos, una pantalla en blanco y un cursor que titilaba incansablemente, fue lo único que vi. Como cada ritual a la hora de escribir, para acomodar mis ideas, me levantaba de mi silla, caminaba como si tratara de dar forma a este revuelto de palabras que chocaban contra mí. ¡Cuanta angustia devuelve la hoja en blanco para quien debe quitarle esa pureza que hace doler los ojos! La noche anterior sentí la ansiedad que caracteriza a la inspiración. En medio de la oscuridad, borraba con la mente los párrafos que no me gustaban, me dije, “me levanto y lo escribo ahora…, no, mejor mañana”. Y en el transcurso de esas horas, ese texto me empujaba, como sea me pedía que lo hiciera nacer, entonces, no pude dormir.  ¿Por dónde empezar?, ¿Cómo describir la imagen que tengo puertas adentro mío? ¿Cómo no traicionar mi pensamiento original? Y otra vez me volví a sentar frente a esa computadora, concentrada en el cursor dejé soltar las manos y comencé a escuchar como sonaba el teclado con cada golpe minúsculo que le propinaban mis dedos. ¡Qué bendición ver escritas apenas unas oraciones en tan nefasta blancura! Cuanta satisfacción produce escribir de un tirón, ver que el mundo que existe es esa pantalla, el que escribe y por sobretodo el relato, esa historia que se desprende del escritor para que pueda vivir en otros, para que pueda ser sentida por otros, o tal vez no, quiensabe. Sigo caminando en la habitación en donde me encuentro, tomo agua y me detengo a leer lo que hice. Mientras leo, imagino cómo sería trabajar asalariadamente de esto, escribir y por eso, recibir mensualmente un sueldo. O poder vivir de esto, poder decir “profesión: Escritora”. Me inflo de orgullo de solo pensarlo, me gana la fantasía e ingreso a otros mundos menos complicados y me veo leyendo descontroladamente, conociendo historias, viviendo realidades y luego yendo a bajar a un papel mis historias. Pero el sonido del celular me hace volver a este cuarto asfixiante y pienso en aquellos que escriben  o escribieron en condiciones desfavorables, acosados por la obligación de dar forma a las columnas diarias que les permitieron mantenerse. Y por supuesto al pensar en esto, me acuerdo de Roberto Arlt que decía “cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte” y que escribir es un lujo ya que requiere de tiempo. Cuando se escribe las influencias son inherentes, en mi caso, Benedetti, Cortazar, Arlt, Soriano… ¿y acaso no soy escritora?, desde que recuerdo que lleno hojas con palabras, sí, está bien, confieso que, a veces, me angustia saber que no estudié Letras que estudié otras cosas por cuestiones caprichosas de la vida pero... si escribo texto a veces con mejor y peores palabras no obstante, lo hago. En definitiva qué es ser escritor. No lo puedo precisar bien desde lo  decible, sino que lo siento, es más por mi cuerpo circulan esos sentidos, insisto siempre noté que mi mano se ablandaba a la hora de crear con la birome. Será habilidad, pasión no sé. Percibo que pasa por el lado de darle vida a los sentires, compartir esas tibias producciones, reflexionar realidades, discutirlas y que de esa efervescencia surja una materialidad que intente mover las emociones del otro…y esto es lo que hacemos en ese taller los sábados… "¡uy, me colgué son las 6 y media y recién escribí esta línea para mañana: Escribir operación que implica que cuando quieras expresar algo le pongas palabras, no importan las formas!"




Por Mary Jaime






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