domingo, 19 de mayo de 2013

Conversando con un otro - Ezequiel Bajadish


   - Pasáme la birome -  Me digo en silencio, mientras venzo a mi insomnio una vez más.
- Tengo ganas de apuñalar a mi otro - Repito como un triste tipo esperando una respuesta del espejo.
   Mi otro, el que habita en mi mente, el que nubla mi juicio, el más idiota de los dos, el que rompe mis esquemas, el que quebranta mis normas y el que destroza mi moral. Ese es el Otro que estoy dispuesto a aniquilar, aunque me cueste la vida, aunque me cueste la suerte.
   Un tipo especial ese Otro. Soberbio, despiadado y senil, Tan cansado de mí, como yo de  él. Generalmente nos odiamos con un odio terriblemente ajeno, como el que se le tiene a los tipos que salen en las revistas.
   En silencio (como siempre) lo olvido de a ratos, en tristes lapsos de verdadera incomprensión, y él me devuelve una sonrisa macabra, cargada de años que no dicen adiós.
  Y hablamos (si, hablamos) hablamos de formas, de inquebrantables propuestas, hablamos de conspiraciones silenciosas para acabarnos mutuamente. Pero como en un acto de Hybris ambos nos creemos más que dios, con el mismo poder divino y desafiante, que tiene hasta el más hereje de los héroes, para ponerle fin a la vida del ajeno, que habita en el cuerpo del Otro.
  Pero a veces pareciera que nos entendemos (pareciera), nos sentamos a mirarnos, con una comprensión mentirosa (incomprensión), asentamos con la cabeza al unísono, pero por debajo de la mesa, los dos tenemos una baraja trucada, de posibles espadas y dos treinta y tres que se van a ir al mazo sin dudarlo. Soltamos un grito, en la cara del otro, y así es como volvemos a empezar, sin envido, sin trucos y sin cartas bajo las mangas. 

Fumamos de la misma pipa dos veces, el humo entra en mi cuerpo queriendo matarlo, atraviesa mi laringe, envenenando todas mis vías respiratorias, y alojándose en mis pulmones (nuestros pulmones), lejos de poder matarlo, solo logro envenenarme otra vez. Y el Otro sigue ahí, pareciera que disfruta de eso (Yo no soporto el humo). 

- ¡Que se muera de una vez! Le grito al insomne, mientras me sirvo otro vaso de vino, que es nuevamente un disparo al vacio, un salto al olvido y un yo que no soy.
  - ¡Me quiere envenenar, lo juro! ¡Yo lo he visto! Como dispara ansiedades contra mí, como si fuera el peor de los condenados, en plena ejecución.-  Y otras veces lo veo tentando al destino, como si fuera el mejor de los asesinos a sueldo, buscando mi cabeza, para ponerla en una pica y mostrársela al mundo.
  Pero a veces nos entendemos, ¿te lo había dicho, no? A pesar de todo, somos casi la misma persona, pero ahí es cuando el Otro aprovecha y me remata en el piso.
  Nos sentamos a hablar (si, a hablar), fumando de la misma pipa y tomando vino del mismo vaso, más de dos veces, me vuelvo a quedar dormido, y entonces me despiertan sus crueles palabras: “Pasáme la birome, tengo ganas de apuñalar a mi otro”

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