Querida Madre:
Le escribo para contarle cómo me encuentro en este grandioso país.
Yo no sabía que en esta ciudad no se duerme nunca: las luces, los colectivos, los lugares para comer. Es algo impactante al principio, pero igual extraño a mi querido país: el mote con huesillo, la harina tostada, los mariscos, su pan casero, querida madre, cuando cocinaba en esa vieja cocina a leña que calentaba toda la casa en aquellos crudos inviernos.
Me acuerdo de las meriendas con el té caliente que me servía junto a mis hermanos. ¡Ay madre!, qué linda época esos años que vivía en el campo, cuando le cortaba la cabeza a la gallina y la dejaba correr frente a Matilde que gritaba y lloraba.
Qué gracioso que era pero que duro eran sus golpes, madre, cuando me agarraba después de esas travesuras.
Todos estos recuerdos me vinieron cuando recibí su carta, escrita por Alberto. Le comento que estoy trabajando en una pizzería, llamada "El Imperio" que abrió el año pasado en el barrio de Chacarita; le comento que vienen desde artistas conocidos hasta el pueblo mismo para hablar de política y de fútbol pero el tema que se escucha, cuando llevo las pizzas a las mesas, es sobre la salud de nuestra queridísima Evita. Se comenta que tiene una grave enfermedad y eso fue la causa de que renunciara a la vicepresidencia, un día después de su cumpleaños, querida madre, el 31 de agosto del año pasado. Ojala que se recupere y que no nos abandone nunca ya que ella, es nuestro ángel guardián.
Estoy muy triste por eso, ya que en los últimos años nos ayudó mucho junto con El General, a poder confiar en nosotros mismos como PUEBLO. Junto a Ricardo, mi compañero en la pensión, vamos a la Plaza de Mayo cada vez que van a dar un discurso pero no se asuste, querida madre, que estar en política no es nada malo sino todo lo contrario. Yo creo que en las próximas elecciones va a ganar El General Perón, aunque yo no pueda votar pero ya me siento parte de la Argentina.
Sin embargo, mi querido Chile va a ser siempre la tierra donde pertenezco, donde está usted, donde están mis hermanos, donde están todos mis recuerdos, donde está todo. No obstante, creo que acá me encontré a mi mismo, es donde me siento feliz.
Le comento que en este verano voy a ir a visitarla ya que estoy juntando moneda tras moneda, de las propinas que me dejan, para comprarme un pasaje en tren.
Me despido esperando su próxima carta con las novedades y antes de cerrar la carta. le comento que en la radio están anunciando la muerte de Evita, es la peor noticia que quería escuchar. Lamento mucho terminar así estas líneas, querida madre, pero me impactó mucho dentro de mi esto.
Los quiero mucho a todos y espero verlos muy pronto.
Buenos Aires, 26 de julio de 1952
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