¿Adónde van a parar aquellos
pensamientos que queríamos decir pero que, una ráfaga, se los llevó de nuestra
mente? ¿Se acumularan esperando ser encontrados? ¿Caducarán o se mantienen en
vigencia hasta lograr protagonismo?
Qué ejercicio tan desgastante
el de concatenar imágenes, palabras, frases, para tratar de hallar el hilo que
se nos escapó de las manos. Es intrigante saber qué queríamos decir, por qué en
ese momento y no en otro. Volverá a mí
en alguna oportunidad; seguirá teniendo sentido en otro contexto, preguntas que
siguen haciendo un cúmulo.
El rito del olvido y del
querer recordar empieza por uno mismo, luego, cuando los actores se van
incorporando, el rito se transforma en ritual. Y las frases harto gastadas “si
no te acordas, no debe ser importante”, “seguro era una mentira”, “ya te va a
venir a la cabeza”. Y por un rato, unas horas, la mente batalla contra el
desorden de ideas, contra el monstruoso caos de la idealidad, trata de imponerle
una razón, una lógica, armamos el antes, el después… pero nos falta el
intermedio, ese eslabón perdido que, azarosamente o no, nos cierra el enigma.
Pienso en cuestiones de forma: será como una bolsa, qué aspecto tendrá. Y
también me pregunto por qué cuando queremos acordarnos de algo, siempre,
siempre, aparece algo que esta muy alejado de aquello que queremos traer al
presente. Sin embargo, creemos que eso, lo que nada tiene que ver, es realmente
lo que perdimos, pero aun así no nos cierra del todo. Nos entra la duda y
seguimos en la búsqueda. Y a propósito ¿qué es lo que quería escribir para
publicar?
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