Una vez, en la escuela me
dijeron, “tenes que escribir un cuento, no muy largo, el tema es a elección” Yo
que nunca antes había escrito nada, se me presentó como un problema, el qué
escribir. Mucho más aún, era la presión de que ese texto debía entregarlo para
que mi profesora le calificara con una nota.
Fiel a mi estilo, que aún no
conocía, no escribí un cuento en ese momento. Sí, partí de unas preguntas: ¿por
qué debería escribir?, ¿por qué
constantemente tengo que leer?
Imagínense que con apenas
diez años y algo más no me iba a poner a profundizar semejante pregunta sino
que respondí desde lo que a mí me pasaba en ese momento. Entonces hice una
lista de los por qué hay que escribir, algo así como:
Escribo
porque
me permite contarle a los demás, al mundo, lo que siento,
Escribo
porque
entiendo mi realidad, el mundo, a través de las palabras,
Escribo
porque
es una herramienta que puedo usarla cuando la necesite,
Escribo
porque
me obligan a aprender algo ya dado,
Escribo
porque
quiero luchar contra aquello que me obligan a aprender,
Escribo
para
que no me quieran vender algo que no es,
Escribo
para
que mi voz sea escuchada y para que no sea otro quien escriba por mí,
Escribo lo que siento,
disfrutando porque me gusta.
Y leo porque, en principio, me obligaron a aprender.
Leo porque, al saber
interpretar lo que un texto dice, nadie me va a venir a decir “esto es así y
punto”
Leo para poder
discutir con otro compañero sobre un tema
Leo para entender qué
quieren decir las tapas de los diarios y los noticieros
Leo para aprender lo
que otros crearon y poder comparar
Leo para saber a
donde me paro en una discusión
Leo y escribo para tratar de
que otros no decidan por mí, sin dejarme lugar para tratar de hacerlo.
Esas reflexiones se plasmaron
en mi texto, por supuesto que a mi profesora no le gustó que no haya respondido
a la consigna, sin embargo, yo, que nunca antes había escrito nada, que nunca
ponía mi voz en un texto, que nunca me imaginé escribiendo, yo ese día, en esa
hoja dejé parte de mí, de lo que pensaba, de lo que sentía, deje reflexión, yo
ese día, escribí al mundo, salí de mí soledad, con algo de vergüenza, para compartir con otros, lo que escribí. Creo
que ese trabajo no lo aprobé, pero yo ese día, supe que leer y escribir pasa
por poner nuestra voz en los textos, dejar nuestra huella y no de otro, la
nuestra. Por crear nosotros, como nos salga pero sí, comenzar con el ejercicio
de mostrar lo que hacemos, pensamos y producimos. Hoy, escribo muchos cuentos
porque me gustan mucho pero ese día, con
diez años y pico, Mary escribió Leer y Escribir con mayúsculas.
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