lunes, 17 de junio de 2013

CON MAYÚSCULAS. Por Mary Jaime

Una vez, en la escuela me dijeron, “tenes que escribir un cuento, no muy largo, el tema es a elección” Yo que nunca antes había escrito nada, se me presentó como un problema, el qué escribir. Mucho más aún, era la presión de que ese texto debía entregarlo para que mi profesora le calificara con una nota.
Fiel a mi estilo, que aún no conocía, no escribí un cuento en ese momento. Sí, partí de unas preguntas: ¿por qué debería  escribir?, ¿por qué constantemente tengo que leer?
Imagínense que con apenas diez años y algo más no me iba a poner a profundizar semejante pregunta sino que respondí desde lo que a mí me pasaba en ese momento. Entonces hice una lista de los por qué hay que escribir, algo así como:

Escribo porque me permite contarle a los demás, al mundo, lo que siento,
Escribo porque entiendo mi realidad, el mundo, a través de las palabras,
Escribo porque es una herramienta que puedo usarla cuando la necesite,
Escribo porque me obligan a aprender algo ya dado,
Escribo porque quiero luchar contra aquello que me obligan a aprender,
Escribo para que no me quieran vender algo que no es,
Escribo para que mi voz sea escuchada y para que no sea otro quien escriba por mí,
Escribo lo que siento, disfrutando porque me gusta.

Y leo porque, en principio, me obligaron a aprender.
Leo porque, al saber interpretar lo que un texto dice, nadie me va a venir a decir “esto es así y punto”
Leo para poder discutir con otro compañero sobre un tema
Leo para entender qué quieren decir las tapas de los diarios y los noticieros
Leo para aprender lo que otros crearon y poder comparar
Leo para saber a donde me paro en una discusión
Leo y escribo para tratar de que otros no decidan por mí, sin dejarme lugar para tratar de hacerlo.


Esas reflexiones se plasmaron en mi texto, por supuesto que a mi profesora no le gustó que no haya respondido a la consigna, sin embargo, yo, que nunca antes había escrito nada, que nunca ponía mi voz en un texto, que nunca me imaginé escribiendo, yo ese día, en esa hoja dejé parte de mí, de lo que pensaba, de lo que sentía, deje reflexión, yo ese día, escribí al mundo, salí de mí soledad, con algo de vergüenza,  para compartir con otros, lo que escribí. Creo que ese trabajo no lo aprobé, pero yo ese día, supe que leer y escribir pasa por poner nuestra voz en los textos, dejar nuestra huella y no de otro, la nuestra. Por crear nosotros, como nos salga pero sí, comenzar con el ejercicio de mostrar lo que hacemos, pensamos y producimos. Hoy, escribo muchos cuentos porque  me gustan mucho pero ese día, con diez años y pico, Mary escribió Leer y Escribir con mayúsculas.

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