Consigna ¿Qué hacemos con el saber?
Parto con la frase del
texto de Paenza que dice “llegué… y no hay nada”. Inmediatamente se me viene a
la mente una autoreferencia.
Alcancé una cima con
mucho esfuerzo, un punto que creía lejos, tal vez idealizado. Me recibí y
pienso: “Bien ¿y ahora qué hago con esto’” ¿Qué cambió en mí, luego de
transitar este camino?
Las preguntas fluyen por
miles pero la reflexión es mucho más profunda. Me lleva a hilvanar pensamientos
sustanciosos, a desnaturalizar estructuras, a detenerme a pensar qué sentido
adquiere “llegué y no hay nada” Y digo que sí, que hay un más allá, porque
tenés que reflexionar bajo qué intereses sé, con qué objetivos lo voy a poner a
jugar ¿Soy profesional de la comunicación? En términos estrictamente académicos
los soy. Sin embargo lo soy cuando entiendo que mi saber es solo una partecita
del todo, cuando es una “herramienta para”, cuando prevalece el colectivo,
cuando prevalece el objetivo político que respalda mi saber. Entiendo que todo
conocimiento, especialidad, licenciatura es importante, pero siempre bajo la
impronta de un proyecto de transformación, político, de vínculo con otro. Sin
esta idea de fondo, para mí, cualquier saber es estanco.
Y vuelvo a insistir con
el “llegué y no hay nada”; ¡Claro que no hay nada! Porque al llegar a este
punto todos los formatos se desvanecen y ahí sos vos, ese saber y los otros. Me
pregunto ¿soy comunicadora? Si, en tanto que soy una pieza más del engranaje
colectivo, de esa fuerza que lucha por un cambio. Por ende, el conocimiento, el
saber, depende desde donde te pares a mirar el mundo. Partiendo desde este
piso, el conocimiento no sería un cúmulo de datos desordenados para guardar,
sino preguntas turbulentas que explotarían en la cabeza cualquiera.
Para finalizar, en mi
caso, llegué y les aseguro que hay mucho por aprender para despojarse de
prejuicios intelectualoides.
Marisol Jaime
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