domingo, 24 de febrero de 2013

El valor de las palabras - Por Andrés Márquez


   Me van a tener que disculpar. Y no empiezo así porque me quiera parecer a Sacheri, sino más bien porque este es un tema jodido y me gustaría describirlo como hizo Neruda.
Pero en casos tan difíciles y delicados, siento que en mi guerra interna , Apolo le gana al Dionisio que hay en mí, y eso es lo que va a suceder.
¡La palabra! ¿Qué es la palabra? Uh, que consigna más puta, ¡cómo m obligó a laburar! Pero también, que ganas tenía de poder expresar algo tan complejo.
Bueno, voy a intentar ser breve, pero con esa brevedad, coy a empezar por el origen de las cosas.
Los griegos se acercaron bastante a la averiguación de las cosas (El ente) lo separaron en dos, sustancia y esencia. La sustancia es lo que vemos, tocamos , olemos y escuchamos y la esencia, por otra parte es lo fundamental, de eso, es lo que la hace ser. En eso se esconde la pregunta del ser (Probablemente la pregunta más importante) Esto lo resolvieron con entes y ser.
El ente, son las cosas y las cosas son. Pero ninguna es el ser. Entonces ahí está la cuestión de que es el ser.
Sartre dice que el ser no es, por que fue o será y que el ser solo es posible con el hombre.
Porque el hombre tuvo necesidad de ser algo que no era natural, que era cultural, pero no podía ser, posibilidad de ser hombre, pero ahí se encontró con la necesidad de acomodar las cosas.
¿Por qué? Si todavía nadie había acomodado nada. Tuvo que acomodar, caracterizar y clasificar. Y así separo la luz de la oscuridad, el frio del calor, el árbol de la tierra y el hombre de la mujer, fue así que el hombre (perdón, los humanos y humanas) trabajaron e hicieron las cosas, las palabras y la cultura.

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