martes, 23 de abril de 2013
"Hiperbórea". Romina Becker
Nadie como él para calmar a mi insatisfecho espíritu renegado, esa furia incontenible era cada vez mas frecuente, como la lluvia del verano cuando la tierra ardiente envuelta en lujuria espera con ansias su suave riego en esta tarde calurosa. A lo lejos lo siento venir hacia mí, me acaricia el pelo y me envuelve hasta hacerme estremecer con su suave brisa, me invita a relajarme y a caminar más lento. Disfruto de su compañía, siento necesidad de seguirlo, encerrarme en ese pequeño bosque y soñar que soy como esas hojas que acompañan su fugaz brisa que se aleja velozmente hacia el horizonte, para presenciar desde cerca la bella puesta del sol. No tarda en volver a descender para compartir conmigo esta noche de insomnio incontenible, cargado de reflexiones y utopía la noche se conjuga en mis pupilas para que no consiga conciliar el sueño. Pero él, simple y sereno, cálido y frio, me hace saber que está a mi lado, en compañía de nuestra inseparable amiga soledad, aunque ambos son buenos para poder compaginar algunas rimas, saben que no siempre serán acogidos por ésta mente utópica, con este espíritu renegado e inconformista, que siempre se auto cuestionara su existencia.
Su rebeldía se hace canción de protesta mientras las hojas se sincronizan en una dulce danza, que desencadenan algunas lágrimas de nostalgia, suspiros de incomprensión total y plena alienación, que aun más allá de su contemplación está abriendo paso a un nuevo amanecer de reflexión.
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