sábado, 2 de marzo de 2013

Puedáse quién salve - Por Ezequiel D´Amico

   


   Se hace difícil reflexionar sobre esto, mejor dicho y para decirlo concretamente, se torna raro hacerlo. Esa pregunta se aparece como un flechazo en el medio del blanco. La respuesta (que es el blanco) siempre está, pero se escapa casi todo el tiempo de ella misma o de su contraria. En este caso, la pregunta ( la contraria) persigue a la respuesta y esta se vuelve a escapar al mejor estilo romántico e infinito que tiene Jack el destripador, huyendo de Sherlock Holmes en algún suburbio ingles del siglo pasado.
La pregunta en si, vendría a ser algo como “¿Qué es el saber? Y “Qué hacemos con el?” La pregunta por si sola, realmente es bastante absurda, incluso tonta, pierde sentido, no significa nada. Pero el destripador en este caso, sería la respuesta, que huye y huye hasta el cansancio. Y nuestro querido Sherlock Holmes, una pregunta, pregunta que persigue e indaga, indaga, persigue y vuelve a indagar.
Pero saliendo un poco de esta metáfora circunstancial y metiéndonos de lleno en la realidad, yo en mi calidad de licenciado en nada, con una maestría en nada, y con un posgrado en nada, yo que de la nada vengo y que muy posiblemente hacía la nada voy, yo que simplemente estudié en un bachillerato popular, pregunto y respondo de una manera imprecisa y arbitraria, pero eso nunca me importó, pregunto por que puedo hacerlo y respondo por que puedo contestarme.
Esto último poco me importó, sin embargo, si le importa al matemático académico, al licenciado en literatura e incluso al maestro mayor de obra, que nunca se preguntó “¿Por qué las cosas las hago así?” “Así deben ser, porque así me enseñaron que son" y no hay más vueltas que eso. Sin embargo, mi vecino Juan, que es panadero pero trabaja como gasista, que nunca aprendió ninguna formula matemática, ni se vio envuelto en ninguna estructura compleja, para reparar un escape de gas o para cambiar una tubería, preguntó “¿Por qué?”, preguntó “¿Para qué?” y encontró las respuestas por si mismo.
Entiendo perfectamente que el técnico es una persona capaz, alguien que se quemó hasta la última pestaña leyendo libros para ser quien es, pero nunca se preguntó “Quién es” y “Para qué es”.
Entonces, ¿Para qué menospreciar a alguien como Juan? El panadero gasista del barrio, que hace de todo y no sabe leer ni escribir.
Hablamos de vocación, y no de quién tiene razón. Entre el técnico y el que lo aprendió a hacer por necesidad.
El sistema mismo plantea problemáticas diversas todos los días. ¿Soluciones? A veces pareciera que no, por que los técnicos se encierran en sus terribles academias y los que lo hacen, lo aprenden por necesidad, pero en algún punto esta necesidad que no niego que sea compartida, va para el mismo lado y habrá en algún momento, un punto de fuga tan perfecto que el saber y el hacer van a ser la misma cosa.
La cuestión básicamente sería “¿Qué hago con lo que sé?” y si “Eso que sé” ¿Lo puedo compartir? De ser así ¿se podrá construir algo? Y si es así, ¿podremos cambiar el mundo?
Yo no lo sé.
Pero lo sabremos el día en el que el señor Holmes, destripe al Jack que habita en nosotros.

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