¡Los programas de los bachilleratos populares tienen que ser como los bachilleratos populares! Y se tienen que hacer con estos mismos criterios.
¿Qué sentido tiene hacer bachilleratos populares o programas para estos, cuando ya hay escuelas públicas que tienen sus programas escritos hechos y resueltos? Entonces, ¿en qué me baso para hacer algo que ya se hizo? Parto del problema. ¿Y qué problema? El de la exclusión. Porque es la exclusión la que nos muestra que nadie tiene nada asegurado, que nuestro futuro depende de qué tan al margen estemos de esa exclusión. Bueno, dicho de esta manera parece que estamos ligados a la suerte ¡Pero no! Estamos ligados al orden social, a un orden que desde el punto de vista nuestro es un desorden.
¿Por qué un desorden? Por ejemplo: “Son las cinco de la tarde y la reina de Inglaterra se sienta a tomar el té con su tacita y tetera de porcelana, mientras que a las misma hora un nene de Somalia todavía esta buscando algo para desayunar”.Bueno, éste es el desorden (que la reina de Inglaterra llamaría “orden”).
Pero esto no se trata de bondades o crueldades, porque no vamos a negar que en la historia hubo ricos buenos y pobres malos. Sin embargo no se trata de esto, si no de cómo acomodamos esta situación. Porque ésta es la situación que puede, en una esfera pone un centro y hace una periferia. Nos ponen a nosotros los argentinos en la situación en la que estamos. Es ésta la situación que impone un modelo de país .Y esta situación puede ser mal vista en la escuela formal o en el mejor de los casos bien vista. Bueno, pero eso no importa porque la situación sigue siendo la misma y esta forma de ver la realidad, de entender la realidad se queda sólo en eso, en comprenderla. Pero nosotros, que no estamos de acuerdo con esta realidad, no queremos sólo entenderla sino transformarla. Y ahí es cuando aparece nuevamente nuestro desafío: “el orden y el desorden”. Ellos mas allá de lo compleja que pueda ser la situación actual están organizados.
Toda la sociedad se basa en lo que no tenemos: la propiedad, la tierra, los recursos. Porque son ellos quienes lo poseen y nos lo cambian por lo único que tenemos: nuestra fuerza de trabajo. Así de fácil es como mantienen el orden, que rara vez es cuestionado a pesar de nuestros esfuerzos. Pero ¿cómo logran esto? Sí, es injusto; sí, es una estafa; sí, dicho mal y pronto “nos están cagando”. Pero si son ellos los que hablan de ley de justicia incluso de libertad, cuando somos realmente sus esclavos.
Bueno, volvamos al ejemplo de la esfera: en esta tierra que es redonda y gira sobre su propio eje, suponiendo o no que colocan totalmente y arbitrariamente a Europa de centro y a Tierra del Fuego como el fin del mundo y éste es el cuento que se cuenta: “un día apareció Europa que fue creciendo y civilizando todo a su alrededor, y colorín colorado”. ¿Y que pasó con América, Asia, África y demás? Éste es el problema. Los sujetos que crean, desarrollan y que difunden son ellos; la “propiedad” y así con todo. Porque la policía está para cuidar esa propiedad, el ejército está para eso, incluso la escuela, porque en la escuela no se critica, no se cuestiona. Se presenta un modelo desde muy chiquito en la escuela, y del contexto social sólo se ven superficialmente los hechos. Por ejemplo: mi papá trabaja en una fábrica porque es humilde y su jefe es un señor empresario muy exitoso, punto. Ahí queda. Esa es la verdad para la escuela, por que ahí no hay ningún dilema para los que dirigen la sociedad. Para nosotros no. Porque somos nosotros los que vamos todos los días a trabajar y nos rompemos el lomo haciéndolo, y vemos como el dueño de la fábrica es el que se lleva la mejor parte de la torta. En la escuela ese es un brillante y exitoso empresario, mientras que nosotros somos los cabecitas negras, los descamisados, y esto se ve en todas partes, incluso y sobretodo en los títulos de los diarios ¿Quién no recuerda el titular “La crisis causó dos nuevas muertes”? ¿Quién puso ese título? Porque si lo hubiera escrito yo, o cualquiera de nosotros, hubiéramos puesto: “Un policía mató a sangre fría a dos jóvenes que reclamaban lo justo”, o algo por el estilo. Bueno ese título se acerca más a mi verdad, porque la verdad no es, se hace. Ellos ya tienen su verdad, ya la construyeron y la ponen en marcha todos los días; nosotros podemos entender nuestra verdad dentro de su realidad pero, de vuelta, ahí queda todo, no pasa nada. Tenemos que ser hacedores de nuestra realidad y verdad.
Cuando llegué al bachillerato me dijeron: “los trabajadores hacemos el mundo”. En un principio pensé: “obvio, es cierto”. Pero esto no es tan obvio, por lo menos yo antes no lo había pensado de esa manera. Pero cuando me lo dijeron lo asimilé rápido. Por eso es mi verdad, y por eso, esto parece obvio. Para nosotros, porque para la sociedad, para la historia no lo es. Esto no está para quien cuenta la historia. ¿En dónde aparecen los trabajadores? En ningún lado. Y cuando me dicen: “vos, yo, y todos los que estamos acá somos trabajadores” parece una pelotudez, por eso no se sabe. Y cuando hablamos de nuestra historia... sí, sí, nuestra historia, porque ahora que me parece obvio que soy un laburante y que hago al mundo, también sé que tengo un pasado que va más allá de mí, también me empieza a parecer obvio que ya no soy un alma que va por ahí sin nada que hacer. Ahora tengo una historia antes de mí, ahora soy más que yo sólo.
Porque de repente me pasó eso, ya no era sólo yo, era algo grande, muy grande. Ahora tenía un camino y me empecé a sentir como uno de los súper-amigos, me sentí rodeado de superhéroes queriendo salvar al mundo, sentía que estaba en la escuela de Charles Xavier, rodeado de personas con distintas habilidades. Porque era así; uno sabía leer y escribir, el otro sabía de historia, otro sabía cambiar el cuerito de la pileta y ni hablar del que siempre traía mate. Ya sé, me dirán: “bueno, ninguna de esas habilidades son tan copadas como tirar rayos por los ojos”. Es cierto, pero esa habilidad está buena sólo puesta para la causa por la verdad. Para la vida cotidiana es bastante inútil.
Y además sé que lo que experimento es real, porque ahora peleo contra los súper-villanos, los súper-villanos posta, porque Héctor Magnetto (CEO de Clarín), es un súper-villano, la oligarquía es un grupo de súper-villanos que tienen un ejército de gorilas dispuestos a matar. Bueno, fue así como dejé de ser un excluido de la educación y así dejé de ser frasco vacío y pase a ser un integrante de la liga de los justos y empecé a sumar y combinar mis habilidades con los demás trabajadores. Creo que así se hace un programa de un bachillerato. Así lo que estaba desordenado se empieza a ordenar, haciendo del trabajador el protagonista de la historia, de nuestra historia.
impresionante!!!
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