jueves, 7 de febrero de 2013

Manual del usuario : Caminar por capital - Por Ezequiel D´Amico


     Rara vez, me comprometo con migo mismo para terminar un libro. A veces comienzo por el final, aunque esto delate mis intenciones con anticipación.
Algunas veces, eligo una página al azar, pero pierdo la conexión con todo aquello que creía segmentativo. Pero de vez en cuándo (Muy de vez en cuándo) Cuándo quiero empezar y terminar un libro sin perderme en las paradojas sensoriales a las que estoy acostumbrado, busco en librerias y en casas de revistas, algún manual del usuario, instrucciones básicas para leer un libro sin morir en el intento.

A menudo encuentro manuales para reír, manuales para  llorar, manuales para aprender a morir, y manuales para la interpretación inconciente. A este último lo ignoro inmediatamente, ya que podría dar catedra en cualquier facúltad que todavía no existe, pero el día que la funden, sin duda sería un pionero en la materia.

Una vez, casi sin pensar demasiado,  decidí dar un corto paséo por la Capital. Yo que soy provinciano, habia escuchado mucho sobre la calle “Corrientes” Mitos y leyendas urbanas, Nombres, particularmente, nombres. De casas, nombres de calles, nombres de paredes (Acá en la capital, les ponen nombres raros a las cosas, una vez vi una pared que se llamaba “Muñecas” y otra con el nombre de “Cucha Cucha”)

Al bajar de la formación ferroviaría número Seis, de la linéa Sarmiento, en Once, decidí caminar un poco, para ver, dentro de todo... Que ocultaba esta ciudad.
Después de perderme incontables veces y de terminar casi siempre en el famoso Obelisco decidí preguntar. La frase de cabecera en la mayoría de los casos era “Disculpe caballero, ¿Cómo puedo llegar a la calle Corrientes?” Las respuestas siempre eran iguales, o parecidas. Y siempre pero siempre volvía a terminar en el Obelisco. Un lindo lugar, si no fuera por el tráfico, por el calor, y por las palomas.

Un poco cansado de caminar en circulos, comenzé a sentirme en un desierto muy parecido a los desiertos de las peliculas, de esos que al caminar kilometros y kilometros, siempre pareciera que estás en el mismo sitio. Hasta llegué a pensar, algo que escuché en una pelicula (No recuerdo cuál) que decía “Oye amigo, tu pierna derecha es más fuerte que tu pierna izquierda, si caminas derecho, inconcientemente caminarías en circulos al rededor del desierto” En este caso del Obelisco.

Sólo tenía catorce (14) pesos en el bolsillo, con los que debía  comer, beber, y retomar rumbo a mi oeste natal, así que depaché mi idea de pasear en un taxi, con un conductor, quizás ebrio o quizás muy charlatán.
Caminando en semicurculos llegué a una calle llamada Talcahuano. No era precisamente lo que buscaba, pero por lo menos me entretuvo un rato. Eran 6 o 7 cuadras a lo largo y lo ancho de la calle, parecían cementerios de instrumentos músicales, había de todo para admirar, Guitarras, Bajos, Batérias, Instrumentos de viento, Micrófonos, y vendedores (Sobre todo vendedores)  Había mucho para ver y comprar, o en mi caso, sólo para ver. Pero no había libros, Bueno, encontré algúnas partituras que no lograba entender. Pero vamos, ¡No sé leer esas cosas!


Para mi suerte, la calle Talcahuano, se cruzaba con la calle “Callao” y muy cerca de ahi, pude encontrar un cartel que decía “Corrientes” Por fin, había encontrado lo que buscaba, la calle “Corrientes”
Caminé  diez cuadras y no encontré definitivamente lo que estaba buscando. Ló más vistoso que vi, fueron las persianas bajas de todos los locales de Corrientes.
De haber tenido un manual del usuario para caminar por Capital,  me hubiera quedado en mi oeste natal, en lugar de salir a buscar una librería en un feríado nacional.



Ezequiel Alejandro D´Amico

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